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China

By • nov 30th, 2008 • Category: Modos de Vida

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A finales de septiembre, después de leer bastante sobre cómo estaban moviéndose las cosas en cuanto a las importaciones, me llamó la atención que se observaba una tendencia a ir a menos en el “made in china”. Entonces, pensé en llamarlo China, huracán de fuerza 5, por la similitud que me imaginé entre su modelo de crecimiento y un huracán, que toca tierra con gran intensidad, pero que con forme se desplaza hacia el interior, pierde su energía hasta convertirse en una tormenta que acaba dejando paso al sol.

De alguna manera, su llegada a las economías occidentales ha supuesto la desaparición de una muy buena parte del tejido productivo local. Bienvenidos a la globalización, produzco en China (o cualquier otro país donde la mano de obra no supere los 50 – 90 € al mes), lo transporto de forma económica por el bajo coste del combustible y lo vendo en mi país, mientras tengo a la población entretenida construyendo pisos y montando coches.

Bueno, todo esto ha funcionado y muy bien, mientras sea capaz de comprar extremadamente barato y venderlo caro, el modelo de negocio funciona bien engrasado por el crédito. Pero falla en un aspecto importante, si no hay tejido productivo en tu país ¿quién comprará tus productos?, si en un momento dado de la historia no hay trabajo.

Ahora nos encontramos en esa situación, una buena parte de la población va al paro, y el resto está agobiada por los compromisos crediticios adquiridos, cae el consumo de los ciudadanos por falta de dinero, dejan de haber pedidos y las fábricas de “barato” quedan a la espera de pedidos. Por tanto deja de ser rentable producir barato,… el iluminado empresario ahora es presa de un gran stock que no vale ni el espacio que ocupa en la estantería, no tiene crédito para seguir especulando y el coste de producción no le permite tener los beneficios que había tenido dos años antes. Se pinchó la burbuja, solo tiene la opción de volver a producir localmente, pero eso duele.

Hoy leo un interesante artículo en el Mundo, titulado “China, la gran fábrica de juguetes, agoniza”, donde entre otras cosas habla de cómo “Smart Union, una de las proveedoras de Mattel y Disney, que se esfumaron a mediados de octubre dejando atrás a 7.000 trabajadores y varios proveedores pendientes de cobrar”, y los esfuerzos del gobierno Chino por protejer el mercado laboral y mantener la estabilidad social.

Según este mismo artículo, la tasa de paro supera el 4,5% sin contar con los trabajadores en situación ilegal (recordemos que China no es un país democrático, y está controlado el tránsito de ciudadanos en su propio territorio, que han de obtener un permiso de residencia en las ciudades).

Señales de esta dramática situación para el país son, por ejemplo, la caída del coste de envío de contenedores o la rapidez con la que se entregan los pedidos. El volumen de ventas se ha contagiado del pesimismo del Europa y EEUU, agravado, además por la depreciación del dólar. Si la caída productiva sigue por este camino, llegarán las revueltas sociales, una grn mayoría de ciudadanos chinos no tienen nada que perder, nunca tuvieron nada, solo un sueño que consistía en dejar la azada por la cadena de montaje.

Nuestros empresarios siguen viendo en estos países la opción de fabricar a precios bochornosamente económicos, pero si aquí no hay consumo, por que no hay trabajo, porque han desmantelado el tejido productivo, sus inversiones se convertirán en nada, chatarra, basura, espacios muertos, locales precintados.
Mientras, los gobiernos intentan mantener la situación a golpe de talón, ayudas para los bancos, para los empresarios, para las pequeñas empresas, para los ciudadanos, ¿pero de dónde saldrán esos fondos?, ¿de la máquina de hacer dinero?

Retomar la economía local no es un paso hacia tras en un mundo globalizado, muchas zonas del planeta tendrán que especializarse a lo largo de este siglo en algún tipo de proceso productivo, desde la producción de cereales al desarrollo de tecnología, pero el procesado local y su comercialización tienen que tener su peso e importancia… mientras tanto, las formas de gobierno que conocemos quizá desaparezcan o regresen a situaciones similares a la edad media, todo depende de la capacidad de evolución de las sociedades. Parece cada vez más evidente que nos dirigimos a una reinvención de la humanidad, al menos, si las cosas siguen el camino que parecen llevar. No se trata de reinvenciones, sino de cambios profundos sobre cómo entendemos nuestra existencia.

En este sentido, China es el ejemplo más desvocado de lo que ha estado sucediendo en otros países, llamado emergentes, por eso tiene especial importancia lo que allí ocurra, pues será el ejemplo de cómo irán las cosas en el resto. También puede ocurrir que los acontecimientos se presenten de otra forma, y este aparentememte negro destino no llegue a ser más que una pura especulación.

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